El mejor sonido en tu coche eléctrico

Bowers & Wilkins, Burmester, Sennheiser, Yamaha: las grandes marcas de audio han entrado en el coche. Por qué ha pasado y qué sistemas merecen la pena según el precio.

Interior de un coche eléctrico con altavoces premium visibles en las puertas y salpicadero
18 min de lectura

El sistema de audio de tu próximo coche ya no lo diseña el departamento de ingeniería del fabricante. Lo firma Bowers & Wilkins, Burmester, Devialet, Focal, KEF, Yamaha o Sennheiser. Marcas con décadas de historia en salas de conciertos, estudios de grabación y auriculares de referencia que han decidido que el interior del automóvil es su próximo gran espacio de escucha.

La razón es mixta: técnica y comercial, y las dos se refuerzan. En un mercado donde los coches eléctricos convergen en autonomía, aceleración y plataformas compartidas, la experiencia a bordo se ha convertido en uno de los pocos diferenciadores que quedan. El coche ya no compite solo con otros coches: compite con el salón de casa, con los auriculares premium, con cualquier pantalla que el conductor podría estar usando en su tiempo libre.

El sistema de audio de tu próximo coche

La transición al motor eléctrico ha actuado de catalizador por razones que van más allá del silencio. Sin ruido de combustión, el nivel de fondo del habitáculo cae y el rango dinámico percibido aumenta: cualquier imperfección acústica queda expuesta de inmediato. Los vehículos eléctricos permiten además arquitecturas eléctricas más estables —sin las interferencias del alternador ni los picos del motor de combustión— lo que simplifica la amplificación de alta fidelidad. Pero si el EV facilita los sistemas de audio de calidad, no los explica del todo: la razón de fondo es que el comprador pasa horas dentro de ese coche, quiere escuchar música, y está dispuesto a pagar por hacerlo bien.

Un nuevo mercado para las grandes marcas de sonido

Las alianzas que han surgido en los últimos años no son patrocinios ni acuerdos de imagen. Son colaboraciones de producto: la marca de audio diseña, afina y certifica el sistema específicamente para ese habitáculo. Bowers & Wilkins trabaja con Volvo en los modelos EX60, EX90 y ES90 —hasta 28 altavoces y 1.820 vatios en el EX60— y también con BMW y Polestar. Burmester está en los Porsche Macan, Cayenne y Taycan —21 altavoces, hasta 1.470 vatios, con tecnología Auro 3D— y en Mercedes-Benz. Devialet, la empresa francesa fundada en 2007, ha entrado en el Alpine A390 y en el Denza. Focal y KEF, en DS y Lotus respectivamente. AKG, la marca vienesa de referencia en micrófonos y auriculares de estudio, firma los sistemas premium del Cadillac Lyriq y Vistiq —hasta 23 altavoces con Dolby Atmos en el Vistiq.

Cada una de estas marcas tiene en juego algo más que un contrato: su reputación. No firman un sistema que suene mediocre porque su nombre en el altavoz tiene un significado concreto para quien la conoce. Eso es exactamente lo que los fabricantes de automóviles buscan: el credencial prestado de una marca de audio respetada garantiza al comprador que el sistema vale lo que cuesta el extra en el configurador.

El resultado es que hoy, si compras un DS N8, tienes un sistema de 14 altavoces y 690 vatios desarrollado con Focal. Si compras un Lotus Emeya, el sistema de serie es un KEF de 1.380 vatios con 15 altavoces; la versión de referencia sube a 2.160 vatios, 23 altavoces y Dolby Atmos, por 6.600€ adicionales. Son sistemas que hace pocos años no existían en ningún coche a ningún precio.

Qué marca firma qué sistema

La tabla incluye modelos en producción y otros ya confirmados por los fabricantes para próximos lanzamientos. No todos los sistemas funcionan al mismo nivel de implicación real de la marca. Hay tres categorías distintas.

Hardware real: la marca diseña los transductores, el amplificador y el procesamiento específicamente para ese modelo —Burmester en Porsche, KEF en Lotus, Devialet en Alpine.

Afinación DSP: la marca aporta su corrección acústica y su perfil de sonido sobre componentes estándar del fabricante, que es lo habitual en los sistemas Harman Kardon de gama media o en B&O en los Ford.

Licencia de nombre: el badge de la marca aparece en un sistema básico sin implicación real de ingeniería. Identificar en cuál de estas tres categorías está el sistema que estás evaluando —y el precio en el configurador suele dar la pista— es la primera pregunta que vale la pena hacerse.

Marca de audio Fabricante Modelos
AKG Cadillac Lyriq (19 alt.), Vistiq (23 alt., Dolby Atmos)
Arkamys Alpine / Renault A290 (de serie); Renault 4, 5, Mégane, Scénic
Bang & Olufsen Audi / Ford Audi (16 alt., 705 W); Mustang Mach-E y Explorer
Beats Smart #1 y #3 (13 alt., opcional)
Bowers & Wilkins Volvo / BMW / Polestar EX60 (28 alt., 1.820 W), EX90 y ES90 (25 alt., 1.610 W); Polestar 2 (14 alt., 1.350 W)
Burmester Porsche / Mercedes-Benz Macan, Cayenne, Taycan (21 alt., 1.455–1.470 W); Mercedes berlinas y SUV (16 alt., 850 W)
Devialet Alpine / Denza A290 opt. y A390 (9–13 alt., 615–1.200 W); Denza (20 alt.)
Focal DS Automobiles / Jeep DS N7, DS N8 (14 alt., 690 W); Jeep (9 alt. + subwoofer)
Harman Kardon Volkswagen / Mini / Kia / Polestar / Lynk & Co ID.3 GTX, ID.4, ID.7, ID. Buzz (480–700 W); Mini (10 alt., 315 W); Kia EV4, EV5; Polestar 2 (13 alt., 600 W); Lynk & Co 02 More
JBL Fiat / Toyota Fiat pack Top Plus; Toyota C-HR+ Spirit
KEF Lotus Emeya y Eletre (15 alt., 1.380 W; 23 alt., 2.160 W + Dolby Atmos)
Mark Levinson Lexus RZ (10 alt.)
Meridian Kia EV9 (14 alt.)
Sennheiser Cupra / Smart Raval Dynamic Plus (12 alt., 475 W); Smart #5 (20 alt.)
Sony Mazda 6e (14 alt.)
Sonus Faber Maserati Grecale (21 alt., 1.285 W); Gran Turismo (19 alt.)
Yamaha Zeekr 001 (11 alt. + subwoofer), X (13 alt.)

El ADN de cada marca

No todas estas marcas llegan al coche desde el mismo sitio. Entender de dónde viene cada una ayuda a entender qué esperar de su sistema.

Bang & Olufsen es una empresa danesa fundada en 1925, tan reconocida por el diseño como por el sonido. Sus sistemas en Audi y Ford funcionan como afirmación estética: la pantalla luminosa de los altavoces B&O que emerge del salpicadero es tan visible como el sonido que produce. Es la marca que convierte el audio en un elemento de interiorismo.

Bowers & Wilkins nació en Inglaterra en 1966 fabricando altavoces de monitor para estudios de grabación. En el coche aporta precisión en los agudos y una escena sonora ancha: la sensación de que los instrumentos tienen posición y profundidad, no solo volumen.

Burmester fundó su empresa en Berlín en 1977 fabricando amplificadores y reproductores para el mercado doméstico de alta gama. Su tecnología Air Motion Transformer en los tweeters —heredada de sus equipos de salón— es una de sus señas de identidad en Porsche y Mercedes. Es la marca más asociada al concepto de "sala de conciertos sobre ruedas".

Devialet es la más reciente: fundada en París en 2007, su tecnología ADH (Analog-Digital Hybrid) permite amplificadores de alta potencia en un formato muy compacto. Para el coche, eso es una ventaja práctica: mucha potencia en poco espacio. En Alpine y Denza aporta presencia física que los sistemas convencionales no consiguen en esas dimensiones.

Focal lleva desde 1979 fabricando transductores en Saint-Étienne. Son conocidos por su tweeter de berilio, uno de los materiales más rígidos y ligeros para un driver de agudos. En DS y Jeep, el resultado es un sonido con graves controlados y una presencia en los medios —la zona donde viven la voz y los instrumentos armónicos— que diferencia a Focal de marcas con más vatios pero menos definición.

KEF inventó en 1961 el driver coaxial Uni-Q: un tweeter centrado en el woofer para que ambos emitan exactamente desde el mismo punto en el espacio. El efecto es una imagen estéreo precisa desde cualquier asiento del coche, no solo desde el del conductor. En el Lotus Emeya, con 23 altavoces y Dolby Atmos en la versión de referencia, ese principio se lleva al límite.

Cadillac y AKG colaborando en sistemas de audio para coches

AKG fue fundada en Viena en 1947 y construyó su reputación fabricando micrófonos y auriculares de referencia para estudios de grabación y broadcast. Hoy forma parte del grupo Harman/Samsung, junto con Harman Kardon y JBL, aunque mantiene su identidad de marca independiente. En el Cadillac Lyriq y Vistiq, AKG aporta la neutralidad de monitor que distingue a las marcas con tradición en la captación del sonido: menos coloración, más fidelidad al original.

Mark Levinson lleva desde 1972 fabricando amplificadores audiófilo en Connecticut. En el Lexus RZ, la combinación de filosofía de precisión japonesa y rigor del audio americano de alta gama produce un sistema coherente con la identidad de Lexus: nada llamativo, todo medido.

Meridian —Huntingdon, 1977— fue pionera en audio digital de alta resolución y en procesamiento inteligente de señal. Su tecnología Intelligent Q en el Kia EV9 adapta el volumen y la ecualización en tiempo real según la velocidad del coche: a 120 km/h no suena igual que a 50.

Sonus Faber nació en Arcugnano en 1983 fabricando altavoces artesanales inspirados en la luthería italiana: formas que evocan instrumentos de cuerda, maderas nobles, acabados de joyería. En los Maserati Grecale y Gran Turismo, la coherencia es total: dos marcas italianas, ambas con una historia de trabajo manual y de la emoción por encima de la especificación.

Una advertencia para leer esta sección con precisión: lo que se describe es el punto de partida de cada marca, no el resultado garantizado. En el coche, entre el ADN de la marca y lo que el oído percibe hay una capa de implementación que lo condiciona todo: el posicionamiento de los altavoces en ese habitáculo concreto, el trabajo de corrección acústica, la integración con el chasis. El sistema Bowers & Wilkins en un Volvo EX90 y ese mismo sistema trasladado a otro coche sonarían diferente. Lo que la marca aporta es un punto de partida sólido y un compromiso de afinación real; lo que el fabricante hace con ese compromiso determina cuánto se aprovecha.

Sennheiser y Yamaha: cuando el audio es arte

Entre todas las marcas de la tabla, dos merecen una sección propia. No porque vengan del mundo profesional —AKG lleva décadas en estudios de broadcast, Focal equipa salas de mastering, Bowers & Wilkins es la referencia de Abbey Road Studios— sino porque su filosofía del sonido es fundamentalmente diferente a la del resto. La distinción no es de prestigio: es conceptual. Sennheiser y Yamaha representan dos ideas opuestas sobre qué debe hacer un sistema de audio, y esa diferencia es legible incluso en el habitáculo de un coche.

Sennheiser colabora con Cupra para sus sistemas de sonido

Sennheiser es una empresa alemana con setenta años de historia fabricando micrófonos de referencia para estudios de grabación, auriculares de monitor para ingenieros de sonido y sistemas de audio para salas de conciertos. Cuando Sennheiser certifica algo, lo que certifica es fidelidad: que lo que sale por los altavoces es lo que el músico grabó. Que esa marca aparezca en el Cupra Raval —un coche del segmento B— con su sistema AMBEO de 12 altavoces y 475 vatios en la versión Dynamic Plus, y en el Smart #5 con un sistema Signature de 20 altavoces, dice algo sobre cómo ha cambiado la conversación. Sennheiser no ha bajado el listón para entrar en el automóvil; ha decidido que el habitáculo del coche es ahora un espacio donde tiene sentido poner su nombre.

Yamaha de instrumentos musicales a sistemas de audio para coches

Yamaha aporta una dimensión diferente. Yamaha fabrica instrumentos musicales: pianos de concierto, guitarras, violines, percusión. Cuando afina un sistema de audio para el Zeekr 001 —11 altavoces más subwoofer— o el Zeekr X —13 altavoces—, no trae la mentalidad de la reproducción fiel. Trae la mentalidad del luthier: el sonido como algo que se interpreta, no solo que se reproduce. Un piano Yamaha no suena igual que uno de otra marca aunque los dos estén bien afinados; hay una decisión estética detrás de cada frecuencia. Eso es lo que Yamaha traslada al habitáculo.

Hay un antecedente que lo ilustra mejor que cualquier argumento. El Lexus LFA —el superdeportivo de Toyota con motor V10— contó con los ingenieros de Yamaha para diseñar los tubos de admisión y escape. El objetivo no era la eficiencia: era el sonido. Yamaha trató los colectores como instrumentos de viento, afinando cada frecuencia del escape para que el motor cantara en el rango sonoro de un instrumento de cuerda frotada. El resultado es uno de los sonidos de motor más celebrados de las últimas décadas. La colaboración no fue casual: Toyota y Yamaha mantienen vínculos empresariales desde hace décadas, con Toyota como accionista relevante de Yamaha Motor. Esa historia compartida explica por qué la filosofía de Yamaha con el sonido —tratar cada frecuencia como una decisión musical, no solo como un parámetro técnico— ha encontrado terreno natural también en el habitáculo.

Que estas dos marcas hayan entrado en el automóvil —y que lo hayan hecho en modelos accesibles, no solo en berlinas de 150.000€— confirma que el interior del coche se está tomando en serio como espacio musical.

Las alianzas nacionales: el sonido como identidad de marca

Hay un patrón en estas colaboraciones que merece atención: las marcas de automóvil tienden a buscar socios de audio de su propio país, o al menos de su misma cultura de diseño.

El caso más consistente es el francés. DS y Alpine trabajan con Focal y Devialet, dos empresas francesas que representan lo mejor del audio europeo de alta gama. Renault usa Arkamys, también francesa, en sus modelos. No es solo conveniencia logística: es una afirmación de que el sonido es parte de la identidad de marca, y que esa identidad se construye mejor con un socio que comparte el mismo origen y la misma estética.

Altavoces Sennheiser en el Cupra BEV

En Alemania el ejemplo más claro es Burmester con Porsche y Mercedes. Burmester es una empresa de Berlín fundada en 1977 que fabrica amplificadores y reproductores de referencia para el mercado doméstico de alta gama. Que sea la firma de sonido de los dos coches alemanes más asociados al lujo no es una coincidencia: es la expresión de una misma idea del refinamiento. Pero dentro del propio ecosistema alemán hay otra lectura: Cupra, marca del Grupo Volkswagen, eligió a Sennheiser en lugar de recurrir a Burmester. La decisión no es técnica —ambas son marcas alemanas de primer nivel— sino de posicionamiento: Cupra construye una imagen urbana y joven que Burmester, con toda su historia en el audio de salón de alta gama, no transmite de la misma manera. Sennheiser, con su presencia en estudios, festivales y auriculares de referencia, habla otro lenguaje.

En Japón, Sony equipa al Mazda 6e con un sistema de 14 altavoces. Mark Levinson —empresa americana pero con una filosofía de precisión muy alineada con la del lujo japonés— es la firma de sonido del Lexus RZ. Y en el Reino Unido, Lotus trabaja con KEF, empresa inglesa con décadas de historia en altavoces de referencia para el hogar.

En Italia, Sonus Faber y Maserati son la alianza más coherente del catálogo: luthería acústica para un fabricante que también habla de artesanía y emoción en cada coche.

Cuando la alianza cruza fronteras, también dice algo. Que Cupra haya elegido a Sennheiser en lugar de una marca española refleja una decisión consciente sobre qué credencial quieren asociar a su sistema. Que Zeekr haya ido a Yamaha señala que, en el segmento premium, el origen de la marca de audio todavía importa más que la proximidad geográfica.

Cómo elegir: la marca, no los vatios

En el configurador, los sistemas de audio se venden con números: vatios de potencia total, número de altavoces, canales de amplificación. Esos números son un indicador débil de lo que escucharás realmente.

Lo que predice mejor el nivel de ambición de un sistema es la marca de audio detrás de él. No porque el nombre garantice nada por sí solo, sino porque las marcas mencionadas en este artículo han invertido tiempo real en afinar el sistema específicamente para ese habitáculo: corrigen la acústica del interior, compensan los materiales de los paneles, calibran la respuesta de cada altavoz en la posición donde el oído del conductor lo va a percibir. Ese trabajo de afinación es lo que diferencia un sistema firmado de uno genérico con los mismos vatios en el papel.

Pero el nivel de ambición no es el resultado final. Las variables que determinan cómo suena ese sistema en ese coche concreto van más allá del nombre: el posicionamiento de los altavoces en el habitáculo, la calidad del procesamiento de señal y la corrección acústica del interior, y la manera en que el chasis transmite o absorbe vibraciones. Un sistema con doce altavoces bien posicionados y correctamente integrados puede superar en la práctica a uno con veinte mal colocados. La marca predice el punto de partida; la implementación determina el resultado final.

Una orientación por tramo de precio:

En el segmento de 25.000 a 40.000€, las opciones que realmente marcan la diferencia empiezan a aparecer: Sennheiser AMBEO en el Cupra Raval, B&O en el Ford, Harman/Kardon en los modelos Volkswagen y en el Mini. Son sistemas que suenan notablemente mejor que el equipo de serie del mismo coche; el salto es perceptible en la primera escucha.

En el tramo de 40.000 a 80.000€ la oferta se amplía: Bowers & Wilkins en el Polestar y en los Volvo de gama media, Meridian en el Kia EV9, B&O de alta gama en el Audi, Focal en los DS. Aquí las diferencias entre sistemas son mayores: no solo suenan bien, sino que crean una escena sonora con profundidad y separación de instrumentos que en un coche más asequible no existe.

Por encima de 80.000€, el audio pasa a ser parte de la experiencia central del vehículo. Burmester en el Taycan o en el Mercedes, KEF en el Lotus, Sonus Faber en el Maserati, Bowers & Wilkins en el Volvo EX90: son sistemas que en casa costarían más que el extra que pagas en el configurador del coche.

La pregunta que vale la pena hacerse antes de elegir no es cuántos vatios tiene el sistema, sino cuántas horas a la semana pasas en ese coche escuchando música. Si la respuesta es más de cinco, el extra del sistema premium se amortiza de un modo que pocas opciones del configurador consiguen igualar.

La calidad empieza antes del altavoz

Hay un límite que ningún sistema de audio puede superar: la calidad de la fuente. Un Burmester de 1.470 vatios no puede recuperar información que no está en el archivo. Un MP3 a 128 kbps —la calidad de los archivos descargados hace quince años— sonará mal en un sistema premium exactamente igual que en uno básico; lo que hace el sistema premium es que las carencias se notan más, no menos.

Para sacar partido real a uno de estos sistemas, la fuente importa tanto como los altavoces. Las plataformas de streaming no ofrecen la misma calidad: Spotify emite en formato comprimido con un techo práctico de 320 kbps; Apple Music incluye audio en formato lossless y, en muchos títulos, mezclas en Dolby Atmos Spatial Audio sin coste adicional; Tidal y Qobuz ofrecen resolución Hi-Res de hasta 24 bits y 192 kHz, el mismo estándar que los estudios usan para masterizar. Para los coches con Dolby Atmos —Porsche Taycan, Lotus Emeya, Volvo EX90— la diferencia entre una fuente comprimida y una mezcla Atmos nativa es la diferencia entre escuchar el sistema y escuchar la música.

La pregunta que el artículo no puede responder por ti es si ya tienes una fuente a la altura de lo que vas a comprar. Vale la pena planteársela antes de marcar el extra en el configurador.


Fuentes consultadas:

  • KEF — Colaboración KEF y Lotus: filosofía del sistema de audio y especificaciones técnicas — international.kef.com
  • Sennheiser — Sennheiser lleva la magia del audio a Cupra Tavascan, primer SUV coupé totalmente eléctrico de la marca — newsroom.sennheiser.com
  • Sennheiser — Driven by Sound: Sennheiser eleva el audio inmersivo en el nuevo Cupra Raval — newsroom.sennheiser.com
  • Yamaha — Yamaha Automotive Sound: vehículos equipados con sistema Zeekr X — device.yamaha.com
  • Los datos técnicos de los demás sistemas —altavoces, potencia y especificaciones— proceden de las fichas de configuración publicadas por los fabricantes de automóviles en sus páginas oficiales para el mercado español.
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