En 1990, Renault nos sorprendió con un anuncio de televisión en el que una bola de metal líquido rodaba por una carretera, sin decirnos qué era ni adónde iba. Unos días después llegó la segunda parte, y con ella la respuesta: aquella masa metálica se transformaba ante nuestros ojos hasta tomar forma de coche. Así, en directo para toda la audiencia, conocimos el nuevo Renault Clio. El mensaje llegaba sin necesidad de explicarlo: aquello era una revolución. En plena era dorada del hatchback —el Golf, la Fiesta, el Corsa peleándose por el mismo cliente—, Renault no presentaba un coche más del montón. Presentaba un relevo y un golpe sobre la mesa: el mítico Renault 5 se retiraba y este metal del futuro venía a ocupar su sitio.

Treinta y seis años después, Renault ha vuelto a renovar el Clio —su coche más vendido de siempre— y esta vez no ha traído ninguna bola de mercurio. La sexta generación entró en 2026 en gasolina, GLP e híbrido, pero sin versión 100% eléctrica. Si esperabas un Clio que cargases en casa, esta no es esa generación.
El Clio no se ha quedado fuera de la electricidad por descuido. Convive con tres hermanos eléctricos en el mismo catálogo: el R5, el R4 y el Twingo que llega ahora. Renault lo mantiene en combustión a propósito mientras electrifica todo lo que tiene alrededor, y ese es el dato que merece una explicación.

Nuestra lectura, en clave de marca, es que Renault guarda el Clio eléctrico para cuando vuelva a tocar una revolución. Para ver por qué, hay que volver un momento a aquel anuncio.
La bola de mercurio y el coche que sustituyó al R5
Quien tenga cierta edad en España recuerda el anuncio antes que el coche. Era 1990, Renault retiraba el Renault 5 después de casi dos décadas, y la marca francesa eligió no contarlo como un cambio de modelo más en un segmento saturado: lo contó como un cambio de época. Frente a unos rivales que vendían fiabilidad y números, Renault vendía futuro. Esa fue la jugada, y nos la creímos.

Aquella campaña del metal líquido, la que tantos guardamos en la memoria, en el archivo oficial de Renault no deja rastro. La marca conserva y reconoce otra, posterior: el coche en rojo transformándose en una especie de robot, con un tono más rotundo y menos abstracto. La propia Renault admite que ni siquiera esa acabó de cuajar —la describe como una primera campaña que "pasó desapercibida"— y que las que de verdad calaron llegaron después, ya en los noventa, con Mecano o el "JASP". De la del metal líquido, nada. La vimos, pero ellos no la cuentan.
Lo que quedó fue el poso. El nombre Clio se asoció a la idea de transformación y futuro mucho antes de que nadie pensara en caballos o maletero, y eso, para una marca, vale oro.
Renault conoce el valor de ese recuerdo porque lo construyó a propósito. El Clio relevó a un icono, el R5, sin perder a su público, y a lo largo de seis generaciones y más de tres décadas se convirtió en el modelo francés más vendido de la historia: 16 millones de unidades en el mundo, más de un millón solo en España, y un fijo año tras año en lo alto de las matriculaciones europeas. No es un modelo más del catálogo, sino una de las piezas clave del volumen de Renault en Europa. Un nombre así no se gasta a la ligera.
La sexta generación llega sin eléctrico
Renault presentó el nuevo Clio en el salón de Múnich en septiembre de 2025 y empezó a entregarlo a principios de 2026. La gama confirmada tiene tres motorizaciones, ninguna de ellas un eléctrico puro:
- Gasolina TCe de 115 CV, desde 18.900 €. El acceso a la gama, con motor de combustión convencional.
- GLP Eco-G de 120 CV, que combina gasolina y gas licuado y estira la autonomía combinada hasta cerca de 1.450 km entre repostajes, pensado para quien hace muchos kilómetros y quiere abaratar el coste por viaje.
- Híbrido full hybrid E-Tech, con 159 CV conjuntos, desde 24.990 €. La versión más electrificada de la gama, aunque no se enchufa.
El Clio de 2026 es, entonces, un coche de combustión e híbrido. El híbrido E-Tech recarga su batería con el motor y la frenada, circula en eléctrico a ratos por ciudad y aprovecha mejor cada litro, pero sigue siendo un Clio de gasolina. Es justo el tipo de matiz que un titular puede borrar.
Queda un cabo suelto que nosotros mismos contribuimos a tensar, junto con media prensa del sector. Entre 2024 y 2025 corrió la previsión de que esta generación del Clio llegaría también en versión eléctrica, situada incluso por encima del R5. El coche que finalmente se presentó y se vende no lleva BEV. No hubo promesa rota de Renault: hubo una previsión de prensa que el lanzamiento no confirmó.
Por qué Renault deja el enchufe a los hermanos
Renault no necesita que el Clio sea eléctrico, porque ya tiene quien haga ese papel.
El R5 E-Tech y el R4 E-Tech, ambos sobre la plataforma eléctrica AmpR Small, son los urbanos enchufables de la marca, con un diseño retro que mira al pasado de Renault. A ellos se suma el nuevo Twingo eléctrico, que apunta a ser el más asequible del grupo. Tres coches pequeños, eléctricos, con gancho emocional y precio de entrada contenido.
En ese reparto, el Clio ocupa el hueco contrario a propósito: el del hatchback de diseño contemporáneo, sin nostalgia, que sigue dando respuesta a quien todavía no quiere o no puede dar el salto al enchufe. Es el coche para el cliente que quiere algo familiar, fiable y con red de repostaje en cualquier gasolinera, mientras el R5 y compañía se llevan al comprador que ya ha decidido electrificarse.
Que el Clio sea el último Renault de combustión no es un olvido, sino una división de trabajo dentro del catálogo: los iconos retro electrifican el recuerdo y el Clio cubre el presente de quien va por detrás en la transición.
El Clio que Renault tiene guardado
Lo que viene ahora es interpretación nuestra, no dato confirmado, y es donde un nombre como el Clio se vuelve interesante.

Renault está en plena ofensiva eléctrica. Su plan futuREady, presentado en marzo de 2026 con François Provost al frente tras la salida de Luca de Meo, contempla 16 modelos eléctricos nuevos para Europa hasta 2030 y una plataforma de 800 voltios pensada justo para los segmentos donde hoy vive el Clio. No faltan ni plataforma ni espacio para un Clio eléctrico. Lo único que falta, todavía, es el Clio eléctrico.
Y un nombre que el público asocia a un cambio de época no se malgasta en una versión más de la gama. El Clio ya hizo de relevo una vez, cuando enterró al R5, y ese gesto vale demasiado para gastarlo cubriendo un hueco de catálogo que el R5 y el R4 ya tapan. Tiene más sentido reservarlo para el momento en que pasar el superventas al enchufe sea, en sí mismo, la noticia.

Es una lectura, no un calendario. Renault no ha puesto fecha a un Clio BEV ni lo ha descartado. Lo que sí sabemos es que el nombre vale demasiado como para que la marca lo deje quieto para siempre.
El Clio no es la Fiesta
Para entender por qué no nos preocupa el futuro del Clio, sirve compararlo con el caso opuesto. Ford dejó morir la Fiesta sin sucesor eléctrico con ese nombre: un superventas con décadas de historia que simplemente desapareció del catálogo.
El Clio está en la situación contraria. Acaba de estrenar generación, sigue vendiéndose con fuerza y comparte marca con una gama eléctrica en plena expansión. Un coche que se abandona no recibe una sexta generación nueva; uno que se cuida, sí.
La pregunta sobre el Clio no es si tiene futuro, sino qué forma tendrá y cuándo. Hoy, si buscas un urbano eléctrico de Renault, los que están a la venta son el R5 y el R4. Si lo que querías era un Clio que se enchufe, toca esperar. Y no sería extraño que esa espera terminara como empezó todo en 1990, con una imagen difícil de olvidar anunciando que el superventas de siempre, por fin, se pasa al enchufe.