Hispano Suiza nació en Barcelona en 1904 y llegó a convertirse en uno de los nombres de lujo más admirados de Europa, hasta que dejó de fabricar coches en 1946. Volvió en 2019 con superdeportivos eléctricos que monta a mano en Barcelona, en tiradas de pocas unidades y con precios por encima de los dos millones y medio de euros.
Hoy la marca está controlada por el Grup Peralada, propiedad de la familia Suqué Mateu. Su presidente, Miguel Suqué Mateu, es bisnieto de Damián Mateu, el industrial que fundó la firma hace más de un siglo. Esa continuidad familiar es poco habitual en una marca histórica que ha regresado al mercado más de medio siglo después.
La marca tiene, en realidad, dos vidas separadas por décadas: la que la convirtió en un icono de la ingeniería europea en la primera mitad del siglo XX, y la que la ha traído de vuelta como fabricante de superdeportivos eléctricos, con tres modelos en su gama actual.
De 1904 a 1946: cuando Barcelona fabricaba coches de referencia

Hispano Suiza se fundó en Barcelona el 14 de junio de 1904, cuando un grupo de industriales encabezado por Damián Mateu se asoció con un ingeniero suizo, Marc Birkigt, que asumió la dirección técnica. La empresa nació sobre los restos de una fábrica anterior, La Cuadra, donde Birkigt ya había trabajado.
El talento de Birkigt hizo el resto. Sus coches combinaban motores muy avanzados para la época con carrocerías elegantes, y encontraron clientela entre la aristocracia y la burguesía europea. El rey Alfonso XIII, aficionado a la conducción, se enamoró de la marca hasta el punto de dar su nombre a uno de sus modelos más deportivos. Con los años, condujeron un Hispano Suiza personajes como Pablo Picasso, Coco Chanel o Albert Einstein.
La Primera Guerra Mundial cambió el rumbo de la empresa. A partir de 1915, Birkigt diseñó motores de aviación que equiparon a los aviones aliados con notable éxito, y esa segunda pata acabó siendo tan importante como la de los coches. Sumando toda su etapa histórica, entre 1904 y 1946 Hispano Suiza fabricó más de 12.000 coches de lujo y cerca de 50.000 motores de aeronáutica, hasta convertirse en un actor industrial de primer orden.

La cigüeña
El emblema de la marca, una cigüeña en pleno vuelo, viene precisamente de la aviación. Los motores de Hispano Suiza equipaban los cazas del escuadrón francés Escadrille des Cigognes, el escuadrón de las cigüeñas, donde combatió el célebre piloto Georges Guynemer. La marca hizo suyo aquel símbolo, que terminó coronando el radiador de sus coches y que hoy sigue presidiendo el frontal de los modelos actuales.
La fabricación de automóviles se detuvo en 1946. Durante las décadas siguientes, Hispano Suiza fue un nombre que vivía en los museos y en las colecciones, no en los concesionarios.
El renacimiento eléctrico: el Carmen
En 2019, en el Salón de Ginebra, la marca presentó el Carmen, un superdeportivo 100% eléctrico. El nombre homenajea a Carmen Mateu, madre de Miguel Suqué Mateu y nieta del fundador, y la palabra que figura en la trasera del coche reproduce, letra a letra, su firma.
Elegir el eléctrico no fue una moda ni una casualidad. La marca buscaba un coche que la separase del resto de fabricantes de superdeportivos, casi todos aún con motor de combustión, y un superdeportivo eléctrico hecho a mano apenas tenía rivales en aquel momento.
El diseño mira a un modelo histórico, el Dubonnet Xenia de 1938, un coche de líneas futuristas que encargó el piloto André Dubonnet. Esa herencia Art Déco recorre el Carmen por dentro y por fuera, porque sus creadores buscaban que se reconociese de un vistazo como un Hispano Suiza, con los materiales y los detalles de los interiores clásicos de la marca.
La gama actual: Carmen, Boulogne y Sagrera
Desde aquel primer Carmen, la marca ha desarrollado tres modelos que comparten base y receta: coupés de dos plazas del segmento de lujo más alto.
El Carmen abre la gama con una particularidad en su tren motriz: monta dos motores síncronos de imanes permanentes, uno por cada rueda trasera, que suman 750 kW y mueven solo el eje trasero. No lleva eje delantero motorizado, y el reparto de par entre las dos ruedas lo gestiona un sistema electrónico de torque vectoring. La batería, de 103 kWh, ocupa el túnel central y el espacio tras los asientos, con una autonomía homologada de 500 km WLTP. Se fabricaron 14 unidades de este modelo.
El Carmen Boulogne apareció en 2020 como la versión más radical, con un nombre que evoca las victorias de los Hispano Suiza de competición en el circuito francés de Boulogne en los años 20. Aquí la marca añadió dos motores más a los dos del Carmen, hasta cuatro motores eléctricos que actúan todos sobre el eje trasero, con lo que la potencia subió a unos 1.114 CV, el 0 a 100 bajó a 2,6 segundos y el coche estrenó un chasis auxiliar de fibra de carbono. Con estas cinco unidades, la producción de la primera generación quedó limitada a 19 coches entre Carmen y Carmen Boulogne.
El Carmen Sagrera llegó en 2024, en el 120 aniversario de la marca, y su nombre honra al barrio de La Sagrera, donde Hispano Suiza levantó en 1911 su primera gran fábrica, de 50.000 metros cuadrados. Hereda del Boulogne el tren motriz de cuatro motores y los 1.114 CV, con la misma batería de 103 kWh, 480 km de autonomía homologada y una aerodinámica revisada que incluye un alerón trasero con forma de alas de cigüeña.
Los tres coches se montan a mano en Barcelona. El comprador elige entre dos programas de personalización, uno estándar con más de cien combinaciones de acabados y otro totalmente a medida, hasta el punto de que, según la marca, no hay dos unidades iguales. Desde el pedido hasta la entrega pasan unos ocho meses.
Construcción de superdeportivo: carbono y circuito
Bajo la carrocería, el Carmen es un superdeportivo construido con técnicas de competición. Su estructura es un monocasco de fibra de carbono de apenas 195 kg, con una rigidez torsional de 50.000 Nm por grado, sobre el que se montan la suspensión de dobles trapecios y unos subchasis también de carbono. Los paneles de la carrocería, fabricados igualmente en fibra de carbono, pesan en conjunto 64,5 kg, y la frenada corre a cargo de discos carbono-cerámicos con pinzas AP Racing.
Esa base viene de la pista. El desarrollo del tren motriz y buena parte de la ingeniería del proyecto corrieron a cargo de QEV Technologies, una empresa de Barcelona con experiencia en la Fórmula E, y el coche se afinó en el Circuit de Barcelona-Catalunya con Luis Pérez-Sala, expiloto de Fórmula 1, como piloto de desarrollo. El Carmen Boulogne nace con esa vocación de circuito, hasta el punto de que la propia marca lo describe como un coche de inspiración de carreras apto también para la carretera. De ahí su nombre, en recuerdo de la Copa George Boillot que los Hispano Suiza de competición ganaron en Boulogne en los años 20.
Las cifras de consumo y carga acompañan a ese perfil. La batería de 103 kWh homologa entre 480 y 500 km WLTP según el modelo, y en carga rápida acepta de 80 a 100 kW en corriente continua. En casa admite hasta 22 kW en corriente alterna, que completan la batería en menos de cuatro horas.
Con precios de entre 2,6 y 3 millones de euros y producciones de pocas unidades, cada coche es también una pieza de coleccionista, hecha a mano y personalizada una a una. Según Hispano Suiza, más de tres cuartas partes de sus componentes proceden de proveedores españoles.
La misma marca, la tecnología de cada época
La conexión entre ambas épocas no está únicamente en el nombre. Hispano Suiza nació alrededor de la ingeniería de Marc Birkigt y de la búsqueda de soluciones técnicas avanzadas para su tiempo. Más de un siglo después, la marca ha recuperado esa misma idea con otra tecnología: el automóvil eléctrico, con la familia fundadora todavía vinculada a la marca y en la misma ciudad donde empezó todo.
El Carmen, el Carmen Boulogne y el Carmen Sagrera representan una interpretación muy particular del coche eléctrico: producción artesanal, fibra de carbono, potencias superiores a los 1.000 CV y una fabricación limitada a unas pocas unidades. No pretenden competir con los eléctricos convencionales ni con los grandes fabricantes de lujo. Son la forma que ha elegido Hispano Suiza para volver al automóvil en el siglo XXI, utilizando la propulsión eléctrica como punto de partida para recuperar una tradición de ingeniería y exclusividad que desapareció de las carreteras hace más de 70 años.